La inteligencia artificial ya forma parte del día a día de miles de empresas. Herramientas como ChatGPT, Microsoft Copilot, Gemini o los chatbots de atención al cliente se han integrado en departamentos de marketing, recursos humanos, administración, atención al cliente e incluso en la toma de decisiones.

Sin embargo, muchas organizaciones desconocen que el uso de estas tecnologías ya está regulado por el AI Act, el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial.

Aunque el reglamento entró en vigor en agosto de 2024, el 2 de agosto de 2026 marca un punto de inflexión: muchas de sus obligaciones pasan a ser plenamente exigibles y comienzan a aplicarse importantes sanciones económicas para quienes incumplan la normativa.

En esta guía te explicamos, de forma sencilla, cómo afecta el AI Act a las empresas y qué medidas conviene adoptar para cumplir con la legislación.

¿Qué es el AI Act?

El AI Act (Reglamento (UE) 2024/1689) es la primera norma europea que regula de forma integral el uso de la inteligencia artificial.

Su objetivo no es prohibir la IA, sino garantizar que se utilice de forma segura, transparente y respetando los derechos fundamentales de las personas.

A diferencia de lo que muchas empresas creen, el reglamento no afecta únicamente a quienes desarrollan inteligencia artificial, sino también a cualquier organización que la utilice en su actividad diaria.

Por ello, si tu empresa emplea herramientas de IA para generar contenido, seleccionar candidatos, atender clientes mediante chatbots o automatizar procesos internos, el AI Act también resulta aplicable.

¿A qué empresas afecta el AI Act?

La respuesta es sencilla: prácticamente a cualquier empresa que utilice inteligencia artificial en su actividad.

Algunos ejemplos habituales son:

  • Empresas que utilizan ChatGPT, Gemini, Claude o Microsoft Copilot.
  • Negocios con chatbots de atención al cliente.
  • Departamentos de Recursos Humanos que utilizan IA para filtrar currículums.
  • Equipos de marketing que generan imágenes, textos o campañas mediante inteligencia artificial.
  • Empresas que automatizan procesos conectando IA con CRM, ERP o herramientas de gestión.

No importa el tamaño de la empresa. Lo relevante es el uso que hace de la inteligencia artificial.

¿Qué cambia el 2 de agosto de 2026?

El 2 de agosto de 2026 comienzan a aplicarse muchas de las obligaciones prácticas previstas en el AI Act.

A partir de esa fecha, las empresas deberán poder acreditar que utilizan la inteligencia artificial conforme a la normativa europea y que disponen de los mecanismos necesarios para gestionar los riesgos asociados.

Además, la Agencia Española de Supervisión de la Inteligencia Artificial (AESIA) contará con plenas competencias para supervisar el cumplimiento del reglamento, realizar inspecciones e iniciar procedimientos sancionadores cuando corresponda.

Los cuatro niveles de riesgo del AI Act

El Reglamento clasifica los sistemas de inteligencia artificial según el riesgo que generan para las personas.

Riesgo mínimo

Incluye herramientas utilizadas para tareas de productividad, asistentes de escritura, filtros automáticos o aplicaciones internas de bajo impacto. En estos casos las obligaciones son reducidas, aunque las empresas deben promover un uso responsable y formar a sus empleados.

Riesgo limitado

Aquí encontramos muchos de los sistemas más habituales, como los chatbots o la generación automática de contenidos.

La principal obligación consiste en garantizar la transparencia, informando claramente al usuario de que está interactuando con una inteligencia artificial o consumiendo contenido generado mediante IA.

Alto riesgo

Son aquellos sistemas que pueden afectar directamente a los derechos de las personas.

Por ejemplo:

  • Selección automática de candidatos.
  • Evaluación de empleados.
  • Sistemas utilizados en sanidad.
  • Determinados sistemas de videovigilancia.
  • Scoring crediticio.

Estas aplicaciones exigen una documentación mucho más exhaustiva, supervisión humana, gestión de riesgos y controles específicos.

Riesgo inaceptable

Determinados usos de la inteligencia artificial están directamente prohibidos por el Reglamento Europeo.

Entre ellos destacan los sistemas de puntuación social o determinadas formas de manipulación del comportamiento humano.

Las cinco preguntas que toda empresa debería responder

Uno de los primeros pasos para cumplir con el AI Act consiste en realizar un inventario de la inteligencia artificial utilizada dentro de la organización.

En Gimeno Abogados recomendamos empezar respondiendo estas cinco preguntas:

1. ¿Qué herramientas de IA utiliza actualmente la empresa?

No solo las oficialmente contratadas, sino también aquellas utilizadas por los empleados mediante cuentas personales o herramientas no autorizadas (Shadow AI).

2. ¿Con qué tipo de cuentas se utilizan?

Es importante identificar si se trata de cuentas personales, gratuitas, empresariales o versiones Enterprise.

3. ¿Qué datos se están introduciendo?

Muchas empresas desconocen que sus empleados introducen información sensible o confidencial en plataformas externas de inteligencia artificial.

Este punto resulta especialmente importante desde la perspectiva del cumplimiento normativo y la protección de datos.

4. ¿Existen agentes o automatizaciones conectadas?

Cada vez es más habitual conectar herramientas de IA con CRM, ERP, correo electrónico o sistemas documentales.

Estas integraciones también deben identificarse y documentarse.

5. ¿Quién es el responsable?

Toda organización debería poder identificar claramente a la persona responsable del uso y supervisión de la inteligencia artificial.

Si nadie puede responder con seguridad a las cuatro preguntas anteriores, probablemente la empresa todavía no dispone de un verdadero inventario de IA.

¿Qué multas contempla el AI Act?

El régimen sancionador del Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial prevé algunas de las sanciones económicas más elevadas de la normativa europea.

Dependiendo del incumplimiento, las multas pueden alcanzar:

Tipo de infracción Sanción máxima
Uso de prácticas prohibidas Hasta 35 millones de euros o el 7 % del volumen de negocio mundial
Incumplimiento de obligaciones generales Hasta 15 millones de euros o el 3 % del volumen de negocio
Facilitar información incorrecta a la autoridad competente Hasta 7,5 millones de euros o el 1,5 % del volumen de negocio

Más allá del importe económico, las consecuencias también pueden afectar a la reputación de la empresa y a la confianza de clientes y proveedores.

Cómo empezar a cumplir con el AI Act

Aunque muchas empresas piensan que adaptarse al AI Act requiere grandes inversiones, lo cierto es que existen medidas que pueden implantarse desde hoy mismo.

Entre las más importantes destacan:

  • Elaborar un inventario completo de todas las herramientas de IA utilizadas.
  • Clasificar cada uso según el nivel de riesgo previsto por el Reglamento.
  • Implantar políticas internas sobre el uso de inteligencia artificial.
  • Formar a los empleados en un uso responsable y seguro de estas herramientas.
  • Revisar los datos que se comparten con plataformas de IA.
  • Designar un responsable interno para supervisar el cumplimiento.

Estas actuaciones permiten reducir significativamente el riesgo jurídico y facilitan futuras auditorías o inspecciones.

El AI Act no pretende frenar la innovación

La finalidad del Reglamento no es impedir que las empresas utilicen inteligencia artificial.

Al contrario, busca fomentar una adopción segura, transparente y responsable de estas tecnologías.

Las organizaciones que comiencen ahora a identificar sus herramientas, documentar sus procesos y formar a sus equipos estarán mejor preparadas para aprovechar las ventajas de la inteligencia artificial sin asumir riesgos innecesarios.

En Gimeno Abogados ayudamos a empresas y organizaciones a implantar modelos de cumplimiento adaptados al Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial.

Desde la identificación de riesgos hasta la elaboración de políticas internas, formación del personal o revisión del uso de herramientas de IA, acompañamos a nuestros clientes para que puedan aprovechar todo el potencial de la inteligencia artificial con la máxima seguridad jurídica.

Si tu empresa ya utiliza IA y todavía no ha realizado un inventario de herramientas ni ha analizado cómo le afecta el AI Act, este es el momento de empezar.